Amanece, sigo despierta, susurrando al viento todo lo que siento, es hora de decir adiós, y duele. Duele la ausencia de la vida, duelen mis alas rotas. Vistiendo un traje de fuerza, que impide mi viaje. Duele el silencio eterno que antes ocupaba tu risa, duele la ausencia de tu boca, duele no sentirte a mi lado, duele saber que esto es inevitable. Duele, que no permiten que escape, escape de ti,
escape del mundo, escape de todo, escape de mí.
Alas rotas, que impiden el cielo, que me dejan al lado de solares vacíos, sin niños, sin gatos, sin juegos. Donde solo hallo hierba, que huele a miseria y es del color del olvido. Mis alas rotas, su sombra, herida. Mis alas rotas, y mi corazón vacío. Atrapado por la soledad, que le obliga a quedarse para no estar sola e impide que escape. Que escape de ti, del mundo, de todo, de mí. Busco un camino que me lleve lejos, donde los caminos no existen,
donde no existe el billete de vuelta. Y curar, poder curar todo aquello ahora, está herido. Curar mis alas rotas, para dejar al descubierto esas cicatrices que marcaron el camino. Para vivir tranquila,
sin miedo. Y pasear tranquila, sin miedo. Y saber, tranquila, sin miedo, que puedo soñar, reír, bailar, cantar, volar, vivir, sin ti, sin miedo.

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